TRUMP ADVIERTE OPERACIÓN “MUY PRONTO“ EN TERRENO VENEZOLANO
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que las acciones militares contra grupos que acusa de narcotráfico en Venezuela están por escalar hacia operaciones terrestres en un plazo que definió como “muy pronto”. El mandatario afirmó que los bombardeos ejecutados desde septiembre contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico han sido un “éxito”, pese a que no presentó pruebas sobre las supuestas actividades ilícitas y a que dichas intervenciones han dejado más de 80 personas muertas en poco más de veinte ataques. Trump indicó en una llamada con personal militar por el Día de Acción de Gracias que la vía marítima habría quedado “casi cerrada”, al asegurar que se ha frenado cerca del 85 por ciento del tránsito por mar. Añadió que ahora su administración se prepara para detener cargamentos “por tierra”, afirmando que este tipo de despliegue sería “más sencillo” y comenzaría en breve, aunque no ofreció detalles sobre los alcances de la operación ni sobre la participación del Pentágono en una posible incursión directa en territorio venezolano.
En medio de estas declaraciones, el presidente subrayó que su gobierno ha advertido a Venezuela que deje de enviar “veneno” a Estados Unidos, al insistir en acusaciones recurrentes contra la administración de Nicolás Maduro. Washington recientemente volvió a señalar al mandatario venezolano como líder del supuesto cartel de Los Soles, un grupo que expertos consideran inexistente, y que fue designado incluso como organización terrorista por el gobierno estadounidense, medida que Caracas calificó como una “patraña ridícula”. Trump, pese a la retórica confrontativa, comentó días antes que aún no ha decidido bombardear infraestructura venezolana y que estaría dispuesto a dialogar con Maduro “para salvar vidas”, una posibilidad que el fiscal general de Venezuela consideró positiva.
Paralelamente a las declaraciones del presidente, Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, visitó a los efectivos del portaviones Gerald R. Ford, uno de los buques más grandes involucrados en el despliegue militar estadounidense en el Caribe. El Pentágono difundió imágenes del funcionario deseando un feliz Día de Acción de Gracias a la tripulación y sirviendo comida como parte de las actividades oficiales a bordo. Estas acciones muestran la continuidad del movimiento militar en la región, que ha incrementado su presencia en los últimos meses bajo el argumento de frenar el tráfico de drogas.
La tensión regional se elevó aún más con los decomisos recientes en aguas del Pacífico, donde la policía de Costa Rica, con apoyo de guardacostas estadounidenses y de la Administración de Control de Drogas (DEA), incautó más de cuatro toneladas de cocaína en una operación que fue catalogada como “histórica” por el gobierno costarricense. Esta acción se inscribe en un contexto de creciente vigilancia marítima en Centroamérica y evidencia la dimensión del problema en rutas que han sido utilizadas durante décadas para el tráfico de estupefacientes hacia Norteamérica.
Mientras tanto, Venezuela continúa rechazando las acusaciones y denuncia que las acciones militares estadounidenses buscan justificar intervenciones bajo pretextos sin sustento. La incertidumbre sobre una posible operación terrestre aumenta el clima de fricción diplomática, ya que el gobierno de Maduro ha reiterado que cualquier intento de incursión sería considerado una violación directa de su soberanía. En este escenario, los movimientos militares y las declaraciones de alto nivel en Washington mantienen la atención internacional enfocada en una región donde la seguridad, la política y la presión geoestratégica se entrelazan.
A medida que se aproxima el cierre del año, la expectativa crece en torno a los próximos pasos de Estados Unidos y a las reacciones de Venezuela, en un contexto en el que ambos países sostienen narrativas opuestas sobre la causa y el alcance de las operaciones antidrogas. Con un clima político global ya tenso, cualquier cambio en la estrategia estadounidense podría redefinir el equilibrio regional e intensificar aún más el debate sobre la legitimidad y los riesgos de una intervención en territorio venezolano.




















